¿Síganme los buenos?

Los literatos de la época de los grandes pensadores como Cicerón, Tomás de Aquino, Homero, entre otros; consideraban que trabajar en gobierno o servir a la Polis (comunidad política) era un acto de nobleza y una excelente forma de aportar al tejido social, del cual se rodeaban o pertenecían, por lo que prestaban especial atención en la educación de sus líderes, ya que lo consideraban como algo crucial para quienes quisieran ejercer como gobernantes, al día de hoy en pleno siglo XXI, considero que estos preceptos han sido totalmente olvidados y a pesar de que fueron escritos por pensadores que vivían en la época 400 a. C., aún siguen estando vigentes, sin embargo nadie en esta sociedad empapada de tecnología, problemas de existencialismo y de vacío espiritual, considera que deben ser importantes, además, de realmente entender lo que significa la figura del liderazgo.

El mejor ejemplo para puntualizar dicha apatía, basta que volteemos a ver a los líderes que esta sociedad ha elegido como sus gobernantes en el mundo actual, donde cualquier lector común y corriente, sin vicio alguno, además del morbo de informarse por medio de periódicos digitales, no se ha encontrado con noticias donde los grandes mandatarios líderes encabezan los titulares con pronunciamientos incongruentes ilógicos e irracionales, por ejemplo, el presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, menciona que «el concepto de calentamiento global fue creado por y para los chinos, para volver a la industria manufacturera estadounidense no competitiva» o el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, «no corro el riesgo de que uno de mis hijos se enamore de una mujer negra porque fueron muy bien educados».

Muestra de que la ciudadanía gobernada no entiende este concepto, sino que además, no dimensiona el enorme daño que se está provocando a sí misma al no revisar integralmente quién los va a representar o servir, pero lo que se considera más grave, es que líderes gobernantes se aprovechen de esta ignorancia y apatía con el objetivo de satisfacer sus propios intereses personales y no los de la comunidad que representan, pero el favorito de todos respecto a estos temas, a título personal, es el de nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador el “Presidente de los Pobres” y en teoría o en narrativa esa sería su premisa, pero a lo largo de su gobierno ha demostrado enormes incongruencias, tanto en su discurso, como en sus hechos y su esposa en 2018 rechazó la etiqueta de primera dama, toda vez que era considerado clasista, comentó ella en una entrevista, sin embargo en fechas pasadas la “no primera dama” y el principal impulsor de la cuarta transformación, emitieron un mensaje en noche buena, donde captó la atención de muchos la blusa que llevaba puesta, debido a que supuestamente era una pieza Gucci con valor en el mercado de más de 30,000.00 pesos mexicanos, posterior a ello vía Twitter ella desmentiría, pero como luego dicen en la jerga jurídica, suponiendo sin conceder que, la “no primera dama”, no sea el mayor de todos los males del actual presidente de México, existen casos muy particulares donde se le han argumentado y fundamentado actos de omisión o de corrupción por parte del gobierno que representa, como el de los niños con cáncer o el de sus familiares cometiendo actos contra derecho que, hasta el día de hoy, no se tiene registro de alguna determinación directa por parte del mandatario mexicano o de la autoridad con facultad correspondiente para tomar acciones en cuanto a los señalamientos ya antes referidos, sin embargo, su aprobación ante la ciudadanía sigue siendo del más del 50%, y es aquí donde me pregunto, ¿el gobernado de hoy en día elige a sus gobernantes por popularidad, simpatía o porque realmente entienden la importancia de la figura de liderazgo? y si, así fuese, tendríamos líderes que dejan mucho que desear.

Basta regresarse unas líneas atrás y volver a los ejemplos ya referidos, la clase política de hoy en día tiene un enorme reto y una gran responsabilidad, manejar en la agenda políticas públicas que abarquen el concepto de liderazgo y todo lo que derive de este mismo, es esencial también, entender que ser líder no es sinónimo de ser buena persona, sino, ser líder implica hacer las cosas correctas, ser efectivo, conseguir resultados.

La palabra liderazgo surge a partir del siglo XIX y creo aún no la entendemos, México eligió al líder que divide a su mismo pueblo en dos, etiquetándolo, pareciera como un pueblo de ángeles y demonios, donde los que lo aprueban son los buenos y él jamás titubea en ordenarles que lo sigan.

RELACIONADOS