La justicia cívica como herramienta fundamental para un estado de derecho

La justicia cívica, es una gran aliada y sobre todo una gran herramienta para el Estado, ya que su fin y objetivo es prevenir en primera instancia las conductas que puedan lastimar de una u otra manera a la sociedad, aunque su competencia es meramente en faltas administrativas, es ahí donde podemos encontrar la verdadera solución para un eficaz combate contra la inseguridad, la delincuencia y posiblemente el crimen organizado.

Es deber del estado, como ya se ha comentado en innumerables veces, la prevención y sanción de conductas insanas y sobre todo peligrosas para la sociedad, y esto se puede lograr con una detección temprana, detectando a los individuos susceptibles a cometer dichas conductas, la mayoría de los delincuentes, tienen conductas tempranas que los ponen en conflicto con la ley, conductas detectables y en la mayoría de los casos tratables, que si se realiza el trabajo correcto, podemos transformar aquellos individuos susceptibles, en ciudadanos honestos y comprometidos con su ciudad .

La justicia cívica, mediante la competencia que la misma ley le otorga, puede hacer y realizar lo anteriormente comentado, las autoridades en materia de justicia cívica pueden mediante una coordinación institucional realizar los protocolos para que estas detecciones tempranas, puedan ser tratadas y reinsertar a los individuos eficazmente a la sociedad.

En la mayoría de las ocasiones, los infractores incurren en las faltas porque no ven una salida a su situación o bien, no se les ha dejado otra opción, o son tratados de una manera equivoca, a veces por la autoridad otras por la sociedad, dándoles a entender que jamás podrán cambiar sus comportamientos y condenándolos a este círculo vicioso de reincidencia.

Por ello mismo, atendiendo los focos rojos de advertencia, la justicia cívica es una gran herramienta para resolver estos tan graves problemas, mediante la implementación de métodos alternativos de solución de controversias, sabemos que en la mayoría de las veces, el hablar y escuchar basta para resolver el conflicto.
El estado, debe entender la importancia de la justicia cívica y todo lo que implica, es una innovación para la pacificación del país.

No debe ser prioridad el castigar, si no el resolver, el último recurso del estado, es el internamiento o las sanciones, con la justicia cívica el primer recurso es el de resolver eficazmente y pacíficamente los problemas, haciéndole entender al infractor la razón de su error y que brote el cambio desde su persona.

La cultura de la legalidad y el estado de derecho, deben ayudar a la justicia cívica a darse a entender en la sociedad, que es mejor rehabilitar que castigar, que no siempre el estar interno en una celda resuelve los problemas.

El estado democrático se debe a sus ciudadanos, su obligación es la prevención, no la sanción, no volvamos a la tradición antigua, de querer castigar siempre mediante la cárcel, debemos de ser innovadores y ver que el horizonte es amplio, que existen mejores formar que ser inquisitivos.

México, debe de reformarse y capacitarse en favor de la justicia cívica, enseñar a sus fuerzas del orden, que deben ser mediadores, no inquisidores; la sociedad tiene que aprender que la mejor solución a los conflictos es mediante el diálogo, no mediante la venganza.

Los cuerpos de policía deben fungir como principales ejemplificadores de este cambio, que la sociedad vea en ello la eficacia de esta justicia cívica, vea que verdaderamente puede funcionar y sobre todo que es la misma autoridad quien la implementa y ejecuta, que de ser necesario se evite ir a la comandancia a resolver los problemas y estos se puedan arreglar con la simple presencia del agente del orden.

Espero que con esta reflexión, podamos pensar como sociedad, que la vida sería más fácil para nosotros, en todos los ámbitos, si confiáramos planamente en este nuevo sistema llamado justicia cívica, que mediante el diálogo y la escucha pueden llegar soluciones mejores.

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