La catástrofe perfecta

Estamos al principio y no al final de la mayor crisis del siglo. Estos primeros ocho meses de la pandemia, nos han enseñado que no ataca de manera convencional, sino que el coronavirus llega y nos golpea como oleaje.

Necesitamos líderes cuya doble cualidad sea la de tomar decisiones a partir de ser sabedores de lo que el Ciudadano necesita: la economía de las pequeñas cosas y que no debemos pensar en términos de lo que hacen las personas, es esencial o no esencial.

Ya no somos los mismos de meses atrás, es cierto, hemos aprendido, y nos hemos preparado, pero no tenemos un solo frente abierto: simultáneamente tenemos que resolver las consecuencias inherentes al cierre de los negocios, la caída del turismo, el desempleo…

Estamos en una economía de guerra. Lo primero que hay que hacer es evitar gastos superfluos, lo segundo es cuestionar cualquier tentación de autoritarismo; en este tipo de situaciones extraordinarias quienes más padecen son las libertades individuales; no nos quedemos callados ante el Estado monopolizador de la violencia, seamos Ciudadanía crítica de nuestros representantes, recordemos que tenemos una constitución que nos respalda.

No podemos evitar el invierno, pero podemos ser moralmente responsables con los otros; recordemos que ha sido una prolongada pandemia y unos se adaptan más rápido que otros. No sabemos la presión inconmensurable de nuestros vecinos y cómo sobrellevan estos momentos bajos.

Evitemos la catástrofe perfecta, la desesperación, el desánimo, todos tenemos un instinto de supervivencia que hoy más que nunca la esperanza sea la apuesta de todo o nada.

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